EN PARTIDA DOBLE
Alejandro Mares Berrones

*También quienes la traiciona en Tamaulipas: Maki Ortiz, su hijo Makito y los diputados federales Adrián Oseguera y Mario López “La Borrega Corrupta”, que no apoyaron su movilización en defensa de la soberanía.
Ningún presidente mexicano desde el General Lázaro Cárdenas -y si nos vamos más atrás Porfirio Díaz-, le había hablado a EU, como lo hizo mi presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, con ese tono de mujer bragada.
Por eso, emitió su discurso desde el Monumento a la Revolución; a lo más que llegó AMLO, fue a leerle la cartilla al embajador Ken Salazar por la opinión que dio en torno a la reforma judicial; pero mi presidenta es la primera en acusar “injerencia” de los EU.
Sin embargo, la historia demuestra que los gringos siempre han intervenido en la vida política de México; al propio Benito Juárez lo apoyaron, pero eso es el pasado; el asunto es que por primera vez un presidente mexicano responde en plaza pública a una investigación del Departamento de Justicia contra funcionarios en activo. Ni Cárdenas, ni Díaz, ni AMLO tuvieron un caso así.
Si hacemos una comparativa de la narrativa, utilizada por AMLO, este hablaba de “intervencionismo”; mi presidenta lo cambió por “injerencia” y lo vincula a una reforma constitucional para anular elecciones. Esa es la novedad.
Ningún presidente había hecho la maniobra de culpar a “sectores de ultraderecha” para salvar la relación con el presidente Donald Trump; no existe en la historia de México y los Estados Unidos un episodio de esta naturaleza y sobre todo en el momento en que lo dice: a unos meses de que en EU se den elecciones y a un año en que en el nuestro se libre la madre de todas las elecciones intermedias. ¡Que valor de mujer!.
A diferencia de los anteriores presidentes de la república que llegaron a tener roces con los EU, mi presidenta ya cuenta con un instrumento legal para castigar la “injerencia”, lo que sus homólogos no tuvieron.
“La rendición de cuentas”, se convirtió en la defensa de la soberanía y sentenció que México no es piñata de nadie, prácticamente lanzó el llamado a cerrar filas y movilizar bases.
EN CONTRAPARTIDA, analizando la movilización de Morena y tomando de base la lista nominal del INE que señala tener 98 millones 500 mil electores y si el voto duro (VD) de este partido es de 13 o 15 millones de electores y según el dato oficial es que participaron el domingo 600 mil personas en todo el país, pues entonces solo participó un 0.66 por ciento de la LN y con respecto al VD solo 4.64 por ciento.
Y esto nos da dos lecturas: No se trató de demostrar musculo político, porque entonces se hubiera llenado el Zócalo; fue con la intención de mandar un mensaje fuerte y claro a los Estados Unidos; el punto es, cuál va hacer la respuesta de los gringos y que consecuencias vayan a traer estas para los mexicanos.
La otra es que el poder desgasta, a unos más rápido que a otros; se ha estado diciendo que la presidenta CSP ha venido cayendo en popularidad, con esto su imagen se fortaleció al menos ante la gran mayoría de los mexicanos; aunque tuvo que medir el riesgo, si ya vio lo que Trump hizo con Maduro y el no entregar a los acusados como el gobernador de Sinaloa, es un reto, un desafió a los EU.
Sobre todo, porque ya dos personajes se entregaron ante la justicia norteamericana, y no son cualquiera, se trata de quien manejo los dineros de Sinaloa y el otro la Seguridad. Y aquí surge la pregunta: ¿quién mandó al General Gerardo Mérida Sánchez a que se entregara ante EU?; lo militares, aunque estén en retiro, no solo se reportan a la SEDENA, sino que obedecen sus instrucciones.
¿Y si el propio Ejército, le ordenó al General que se entregara?; entonces también estamos ante un mensaje muy claro con respecto a las Fuerzas Armadas, ellos no van a tirar ninguna bala contra EU por defender a civiles corruptos.
Por otro lado, mi presidenta fue muy inteligente, su discurso lo centró en la defensa de la soberanía y no tocó a Donald; pero Washington, no va a bajar la solicitud de extradición del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y 7 funcionarios por presuntos vínculos con narco.
“Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no… ya no hablamos de cooperación, estamos hablando de injerencia”, fue una de las frases de mi presidenta.
Sostuvo la tesis, de que México no defiende colusión, pero las investigaciones deben hacerlas instituciones mexicanas: “No creo que sea el presidente Trump quien ha encabezado esta ofensiva”. Culpó a “sectores de ultraderecha de EU” vinculados con conservadores mexicanos.
Si esta crisis escala, sin duda los mexicanos vamos a perder más que los Estados Unidos; el T-MEC empieza su revisión en julio y los gringos pueden presionar a México de que estamos encubriendo narcos y se corre el riesgo de que ellos hagan operativos unilaterales como ya lo hicieron en Venezuela.
En concreto, la presidenta se aventó un volado: convirtió el escándalo de Sinaloa en escudo electoral. Si le sale, anula ataques de EU y cohesiona a su partido, pero si los gringos presentan pruebas, el escudo se volverá una loza muy pesada.
“México no es piñata de nadie”, “la patria no se vende, se ama y se defiende”, quedará para la historia; con que consecuencias, todavía no lo sabemos, pero lo que sí logró fue posicionar cualquier crítica externa o interna como ataque a la soberanía. Elevó el costo político de que EU señale candidatos en 2027 y además envió una señal a las disidencias internas de Morena.

Aunque hubo quienes no acudieron a su llamado, por ejemplo, en Tamaulipas fue notoria la ausencia de la senadora Maki Ortiz y su hijo Makito, el alcalde de Reynosa, le hicieron el vació a la presidenta de la república y al gobernador Américo Villarreal Anaya. Eso mismo ocurrió con los diputados federales Adrián Oseguera y Mario López Hernández “La Borrega Corrupta”, no se les observó apoyando a Claudia Shienbaum Pardo; “pues no que muy morenistas”, pura hipocresía.
P. D. Si el Departamento de Justicia, DEA o legisladores de EU filtran expedientes contra gobernadores, alcaldes o diputados de Morena, el gobierno podrá alegar “injerencia” y usar la reforma para descalificar rivales o anular resultados adversos. La oposición lo verá como “arma política”. ¿Qué va a pasar?, es de pronósticos reservados.