Juan Antonio García Delgado
Comunicación, del latín communicatio, significa compartir, poner en común, acción y efecto de comunicarse, entrar en relación con dos o más personas con el fin de compartir ideas o planeas de trabajo, estudio o esparcimiento. El concepto comunicación, está relacionado con lo común, con comunidad y comunitario, entre otras ideas que reflejan la vida social o en comunidad, en donde todos aprendemos o transmitimos lo que sabemos a los demás y nos apoyamos en los demás.
Partimos del hecho de que los seres humanos somos seres sociales por naturaleza por y por definición, desde Aristóteles hasta Marx; de que es inconcebible nuestra existencia si viviéramos aislados unos de otros. Nos educamos en comunidad, trabajamos colectivamente, intercambiamos mercancías o símbolos de valor unos con otros, y convivimos como comunidades en actos ceremoniales, cívicos, funerarios, religiosos, en festividades populares o en eventos escolares, entre los que es característica la relación de unos con otros.
Como seres sociales, somos seres influenciables. Jamás puede ser posible ese consejo frecuente de que “tú sé tú mismo, no te dejes influenciar por nadie”. La primera influencia, y la más extraordinaria que recibimos es precisamente la de nuestra madre, que nos transmite emociones desde que estamos en su vientre. Y todo lo que nos transmite va a influir en la formación de nuestro carácter. Alegría o tristeza, temores o confianza, firmeza o inseguridad, intrepidez o indecisión. Todo nos influye, en el medio y el contexto que nos rodea y del cual es imposible excluirnos. Eso es comunicación.
En efecto, la primera gran influencia comunicativa es la de nuestros padres, los consejos, los valores morales, las instrucciones para aprender a asearnos, a ayudar con las tareas de la casa, a trabajar. Son ellos nuestra principal influencia de la infancia. Luego viene la influencia de nuestros maestros, de los cuales aquellos que puedan transmitirnos o ayudarnos a encontrar más emociones y conocimientos, suelen convertirse en nuestros maestros preferidos. Pero, tanto en el hogar como en la escuela, recibimos mensajes extraordinariamente motivantes, pero también podemos tener algunas experiencias traumantes que pueden marcarnos durante algunos años. Esta es la influencia de la comunicación, que nos impulsa o que nos inhibe en la interacción social.
Nuestro entorno también es decisivo, el medio en el que nos desenvolvemos. En la calle vamos a encontrar amigos cuyos mensajes que explícitos e implícitos nos van a influenciar… para bien y para mal. No encontramos un solo perfil, sino una variedad de ellos. Algunos son verdaderos líderes e influyen en grupos completos hacia el deporte, hacia el estudio y la recreación, pero también hacia el desastre. “No hay que entrar a clases, vámonos a tomar, vamos a drogarnos; no hay que hacer la tarea”, etc. Son muchos los mensajes-influencias a los que estamos expuestos y generalmente no sabemos distinguir entre los que nos benefician y los que nos perjudican.
Desde el enfoque comunicativo que estudiamos en el Colegio de Ciencias y Humanidades, todo fenómeno de comunicación se circunscribe en una situación comunicativa determinada, en la que hay que considerar quién (enunciatario) se dirige a quién (enunciador), por qué medio, con qué intención, con qué mensaje, con qué código y en qué contexto.
Sin embargo, hay dos elementos que no se han considerado para comprender el origen de las ideas la toma de decisiones políticas en la sociedad. Esos elementos son: a) comprender el origen de las ideas políticas y b) identificar los intereses económicos que representan o defienden los emisores de la comunicación. La ideas hegemónicas o predominantes en una sociedad, desde tiempos primitivos, son aquellas que impone la clase que domina la economía. Así ocurrió en imperios antiguos hasta Grecia y Roma, al igual que en los reinos europeos de la edad media, etc.
Comunicación y política
La evolución biológica de los homínidos se extendió por unos tres millones de años y llevó implícito desarrollo de las elementales formas de comunicación animal a través de gestos, expresiones corporales y gruñidos que se fueron convirtiendo el gritos guturales cada vez más significativos. Pero fue con el surgimiento del homo sapiens, hace unos 40 mil años, que se inició un acelerado proceso de evolución cultural, mediante el cual se desarrolló el lenguaje para dar nombre a cada uno de los objetos, animales y fenómenos que nos rodean.
La conceptualización –que es producto del pensamiento abstracto y éste, a su vez, de la evolución del cerebro– facilitó las cosas enormemente a nuestra especie, pues desarrolló su capacidad para anticiparse a ciertos fenómenos como las migraciones, las tormentas y los incendios. Perseguido por los depredadores, los cambios climáticos y las catástrofes naturales, el ser humano fue obligado a trashumar permanentemente. Incapacitado para acumular bienes se vio precisado a cazar y sobrevivir en colectividad, en comunidad primitiva, como lo demostró Lewis H. Morgan, cuando hasta el siglo XIX, estudio esta vida comunitaria entre los iroqueses de Norteamérica.
La política aparece con el poder del Estado, durante los imperios de la antigüedad que se formaron en torno a los grandes ríos, en donde se instalaron las tribus más fuertes que tuvieron capacidad para acumular excedentes y formar ejércitos para defenderse, ya sea como propiedad comunitaria o como propiedad privada. En el caso de Europa antigua encontramos con la polis griega, como una forma de organización social de los ciudadanos.
Del latín politicus se refiere a la actividad relacionada con asuntos públicos o de gobierno. Viene de la palabra griega polis, que en significa ciudad-estado. La política se considera el arte de administrar, conservar o luchar por el poder; o bien como un conjunto de decisiones de un gobierno. Y esas decisiones de toman conjuntamente, a través de la comunicación.
Pero, así como en cada situación comunicativa que nos encontramos en la vida tenemos que identificar qué intención y qué intereses hay detrás de cada mensaje, mayormente tenemos que hacerlo en política, en donde entran en juego abiertamente los intereses, por un lado, de las clases dominantes que poseen el control de los medios de producción, las industrias, el comercio y las finanzas; por otro lado, los intereses de las clases que sólo poseen su fuerza de trabajo.
En su obra Megacapitalistas, la élite que domina el dinero y el mundo, destaca que entre los grandes productores y distribuidores de contenidos, sobresalen: Consat corporatión, Walt Diney Co., American Broadcasting Co., (con 243 cadenas de televisión en U.S.A.), , Warner Bros, Time Warner,, Twenty First Century Fox, Berstman Printing GroupBertelsmann Education Group, Turner Broadcasting, Bertlesmann, Nationla Geographic,, RTL, Pengin Randon House, que, junto con las productoras de internet e Inteligencia Artificial, controlan no sólo la producción y distribución de contenidos de diversión e información noticiosa en todo el mundo, sino los enfoques teóricos para investigación y análisis social y científico. Las empresas están ligadas al poder financiero, al complejo industrial militar que justifica las guerras, la producción y el comercio de armas.
De esta amanera, la generación de las ideas y de la información que se difunde en los medios responde a los intereses de los poderes transnacionales que dominan al mundo, limitando la verdadera comunicación social o encasillándola en la actual manipulación de las redes sociales que saturan de desinformación, noticias falsas y una contenidos triviales que impiden a los usuarios tener una visión integral e interrelacionada de explique los fenómenos sociales y políticos del capitalismo de nuestro tiempo.