EN PARTIDA DOBLE
Alejandro Mares Berrones
El análisis político, de la elección del pasado domingo en Coahuila, solo demuestra una cosa: que morena topó en pared, pesó más la estructura del gobernador priista Manolo Jiménez y la UDC de Evaristo Lenin Pérez, que incluso todos los partidos juntos, como el PAN, MC, PT y Verde, que están a punto de perder el registro estatal.
Hay que puntualizar algo, que es de suma importancia y que Maquiavelo lo dijo: “divide y vencerás”, resultó que en esta elección los aliados de morena; el PT y el Verde, se fueron solos, pero no jugaron para ganar, sino para que ganara el PRI; esto es una mala señal para el 2027.
Con estos resultados, el PRI andará crecido, como pavorreal y aplicará la misma fórmula para lo que viene e intentarán repetir la dosis en Durango y Aguascalientes.
Por su parte, morena sin la alianza con el PT-Verde y sin un candidato competitivo, esta frita, ya la poderosa “ola” sonó bofa, al grado que el PRI se llevó los 16 distritos electorales en juego, a su viejo estilo de carro completo, dándole zapato a morena, quien sufre una dolorosa derrota; los priistas barrieron y trapearon con ellos.
El Congreso de Coahuila se integra por 25 diputados, los 16 distritos electos por el voto popular se los llevó el PRI y los 9 restantes corresponderán a la repartición de plurinominales, entre los partidos que hayan obtenidos más sufragios. Otro dato interesante de este territorio es que el PRI lleva 95 años gobernando ese estado y sigue jugando con el viejo manual: Movilización territorial más incentivos.
EN CONTRAPARTIDA, vaya estrenada que la dan a Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, quien de las urnas pasa a la defensa legal; ya dijo que denunciará la compra y coacción del voto, acusando directamente al gobernador Manolo Jiménez como responsable.
Creo que Ariadna, se está equivocando, los verdaderos responsables de la derrota en Coahuila son: Luisa María Alcalde y Andy López Beltrán, por eso abandonaron el barco, sabían que se les iba a hundir y que mejor que la responsabilidad la carguen otros y no ellos.
El garrotazo que el PRI le puso a Morena y también al PAN, está bien dado; el gobernador Manolo hizo lo que tenía que hacer, mantener el poder y el control de su territorio.
El mandatario coahuilense hizo lo que debe hacer cualquier gobernante, que su partido retenga el poder político. El buen gobernante no es perfecto, es el que entrega la estafeta al que sigue, ¿qué hizo AMLO?, le heredó a Claudia Sheinbaum Pardo la silla presidencial.
Si comparamos a Coahuila con Tamaulipas, resulta que el PRI coahuilense sigue teniendo mucho arraigo social, siempre atendiendo a sus estructuras; eso en el PRI tamaulipeco se rompió con la llegada de Egidio Torre Cantú, quien culpó al Revolucionario por el crimen de su hermano Rodolfo. Al final Egidio entregó el poder al panista Francisco García Cabeza de Vaca.
Por eso, en la actualidad y con los resultados de la elección del pasado domingo, se confirma que Coahuila sigue siendo el principal bastión del PRI a nivel nacional, regresando a las glorias pasadas de los “carros completos”.
Algunos politólogos y analistas políticos, plantean en base a los resultados de la pasada elección en Coahuila, tres hipótesis:
La primera, aseguran que los resultados, de esa elección representa el termómetro del desgaste que ha sufrido morena ante la opinión pública, por los casos de las acusaciones de los EU contra prominentes miembros de la 4T, específicamente el tema del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, que ya es “peso muerto”, políticamente hablando.
La segunda, es que morena no avanzará en territorios, donde el control y la operación política la tengan los gobernadores de la oposición, si estos mantienen las estructuras bien engrasadas y otorgan incentivos a la base social.
La tercera, es que el PRI vuelve a las viejas prácticas, pero ahora con mecanismos más sofisticados de compra de votos involucrando hasta el uso de códigos QR. A poco ya se nos olvidó como volvió el PRI de la tumba con Enrique Peña Nieto; regresó de atrás e incluso hizo morder el polvo al propio López Obrador. ¡Aguas!, ¡El PRI no ha muerto!, sigue vivo y coleando.
P. D. El poder desgasta, a unos más rápido que a otros.