El ciclón fue categoría 5, hace 59 años dejó a Matamoros semanas bajo el agua
*Las 17 pulgadas de agua, que cayeron sobre Matamoros, pone al descubierto la necesidad que tiene esta ciudad de Drenaje Pluvial.
Alejandro Mares Berrones

“Yo tenía 5 años, lo primero que vi cuando abrí la puerta de mi casa fueron muchos pájaros –vivos-, un árbol sacado de raíz y el agua nos llegaba hasta arriba de la rodilla en la casa de mis padres”; recordó Marco Antonio Hernández Acosta, gerente general de la Junta de Aguas y Drenaje –JAD- de Matamoros.
“El Beulah fue un huracán que le pegó muy duro a Matamoros, nos dejó sin luz, sin agua, mucha gente perdió sus hogares”, rememoró el gerente de la paramunicipal, ante la pregunta del reportero: ¿Qué pasaría, con la ciudad de Matamoros sin nos pega un ciclón como lo fue “El Viula”?.
Marco Antonio, quien vivió el fenómeno meteorológico en ese entonces, dijo que “El Beulah” reconfiguró el desarrollo urbano y de protección civil de Matamoros. Obligó a las autoridades de los años subsecuentes a replantear las obras hidráulicas, diques e infraestructura de contención del Río Bravo.
“Nos falta drenaje pluvial, eso es lo más idóneo, nos cayeron 17 pulgadas de agua en seis días; contamos con 170 bombas instaladas permanentemente en 91 cárcamos y 12 bombas más que nos facilita la CONAGUA, que las instalamos de manera estratégica en puntos donde más se inunda la ciudad, por eso hemos trabajado de manera eficiente, porque así han sido las instrucciones de nuestro alcalde Beto Granados”.
Sobre el caso del fraccionamiento Las Arboledas, el gerente de la JAD, asguró que anteriormente el agua buscaba su cauce natural, pero después de la construcción de la barda perimetral del puente internacional Ignacio Zaragoza, el agua ya no tuvo para donde correr y hoy la única forma de desaguar es a través de las redes sanitarias.
Para dar respuesta a la pregunta, sobre qué pasaría con Matamoros, en caso de que nos azote un huracán como “El Viula”, Marco Antonio, fue categórico: “sería una catástrofe, sacar el agua de la ciudad será más complicado, es necesario el drenaje pluvial”. Reconoció que el agua de lluvia, se desperdicia, toda va a dar al sistema lagunar, que desemboca al mar.

ANTECEDENTES DEL “VIULA”
Nuestros abuelos y padres lo vivieron; y no lo olvidan, el Huracán Beulah, quedó bautizado para siempre por el ingenio y la fonética popular como “La Viula” o “El Viula”. Azotó a Matamoros el 20 de septiembre de 1967, la ciudad presenció el impacto del monstruo climatológico más devastador de su historia moderna, transformando el paisaje urbano en un descomunal lago artificial durante semanas.
La pesadilla comenzó lejos de las costas tamaulipecas. El 5 de septiembre de 1967, una onda tropical evolucionó rápidamente cerca de las Antillas Menores. Beulah demostró un comportamiento errático y sumamente destructivo desde sus inicios: cruzó la República Dominicana y castigó con violencia la península de Yucatán como un colosal categoría 5, dejando un rastro histórico de destrucción en Cozumel y provocando la famosa inclinación del faro de Puerto Morelos.
Tras perder fuerza momentáneamente sobre la selva maya, el ciclón ingresó a las cálidas aguas del Golfo de México. Alimentado por la temperatura del océano, Beulah se reintensificó de forma salvaje antes de enfilarse directo hacia Matamoros,Tamaulipas y Brownsville,Texas; entró con vientos de hasta 260 kilómetros por hora.
El ojo tocó Matamoros en la madrugada
Durante el 19 de septiembre, los matamorenses comenzaron a sentir las bandas nubosas y lluvias torrenciales de un sistema que avanzaba con una lentitud aterradora. A las 6:00 de la mañana del miércoles 20 de septiembre de 1967, el ojo del huracán tocó tierra directamente en el municipio de Matamoros, ingresando de lleno por las zonas de las lagunas del Barril y la Red, justo entre la desembocadura del Río Bravo y la Laguna Madre.
Aunque golpeó la costa con vientos de categoría 3 de más de 200 kilómetros por hora, capaces de arrancar de tajo postes, árboles y techos enteros, el verdadero enemigo de Matamoros no fue el viento, sino la cantidad industrial de agua que traía consigo.

Semanas bajo el agua
El volumen de precipitación colapsó de inmediato los sistemas de drenaje y los vasos reguladores de la ciudad. Sin embargo, la estocada final para el municipio ocurrió en los días posteriores: el desbordamiento masivo de la cuenca inferior del Río Bravo.
Matamoros quedó totalmente rodeada por agua y aislada por vía terrestre del resto del país; colonias enteras se inundaron a niveles nunca antes vistos. Las familias tuvieron que subir a los techos de sus viviendas o a segundos pisos esperando ser rescatadas en lanchas por las fuerzas armadas y voluntarios.
La magnitud de la tragedia obligó al Gobierno Federal a desplegar a gran escala el Plan de Auxilio a la Población Civil de la Secretaría de la Defensa Nacional (Plan DN-III-E). Soldados mexicanos coordinaron comedores comunitarios, puentes fluviales y evacuaciones masivas en los sectores más vulnerables de la periferia.
A nivel regional, el huracán provocó más de 50 decesos, miles de damnificados y la pérdida total de los campos agrícolas que rodeaban la ciudad, sumando pérdidas que superaron los mil millones de dólares de la época a nivel binacional.

La playa Bagdad, recibió el impacto más directo e inmisericorde del meteoro. Al tocar tierra en esa zona durante la madrugada del 20 de septiembre, la marea de tormenta (la sobreelevación del nivel del mar) barrió por completo con las viviendas de madera, las bodegas de los pescadores y las pocas estructuras costeras existentes. Prácticamente todo el asentamiento quedó borrado del mapa en cuestión de horas, forzando una evacuación total hacia el interior del municipio.
Una de las mayores singularidades del Huracán Beulah fue su inestabilidad atmosférica. Al interactuar con el aire continental tras tocar tierra en Matamoros, las bandas nubosas del sistema generaron un brote histórico de 115 tornados confirmados en el sur y centro de Texas.

Varios de estos vórtices menores y trombas marinas se avistaron y causaron destrozos en la zona limítrofe del Valle del Río Grande, un récord de tornados producidos por un solo huracán que se mantuvo intacto a nivel mundial durante décadas.
Los archivos históricos y las crónicas periodísticas locales de la época recuperan la cruda realidad que afrontaron los matamorenses en los días posteriores al impacto:
El agua del Río Bravo subió con tanta furia que los puentes internacionales y los pasos elevados como el del Culebrón quedaron rebasados o cortados intencionalmente por seguridad, aislando por completo a Matamoros de Brownsville y del resto de Tamaulipas.

Durante casi dos semanas, el centro y las colonias inundadas de Matamoros solo podían recibir víveres, medicinas y agua potable a través de helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana y de la Marina estadounidense, que operaron un puente humanitario binacional sin precedentes. Las familias amarraban pañuelos blancos en sus techos para que los pilotos identificaran los puntos de rescate.
Lo que le acaba de ocurrír a Matamoros, el hecho de que la lluvia fue de 17 pulgadas, es para que los gobiernos actuales y venideros, ya empiecen a trabajar en la necesidad que tiene esta ciudad y su población: LA FALTA DE DRENAJE PLUVIAR.
Fuente Hemerográficas:
Periódico El Bravo de Matamoros. Ediciones impresas del 18 de septiembre al 10 de octubre de 1967.
Revista Life en Español (Octubre de 1967). Reportaje especial sobre los desastres meteorológicos del año en el Golfo de México