
Alejandro Mares Berrones
“Mi hija no merecía lo que le hicieron”, reclama Claudia Edith Pardo ante Azucena Uresti. Su testimonio señala que una aeronave de la Guardia Estatal persiguió a su familia, pese a que advirtieron que viajaban menores de edad.
Minutos después, Aranza, de siete años, recibió un disparo mortal, en su cabecita. Cuatro agentes viajaban en la aeronave, es lo que dijo el General Secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas, Carlos Arturo Pancardo Escudero.
La pregunta es: ¿quién disparó y quién ordenó el operativo de la Guardia Estatal?, quien haya dado la orden también es responsable y si el General Pancardo, tiene un poco de vergüenza debería de renunciar a su cargo, por lo menos.
La otra versión de dicho operativo fue la que dio el propio Omar García Harfuch, de que fue la DEFENSA y de la SSPC a su cargo, las responsables del operativo para capturar un objetivo prioritario. Este asunto no está claro. Existen dos versiones y unos presuntos responsables: Los 4 agentes que volaban en el helicóptero de la Guardia Estatal.
El testimonio de Claudia Edith Pardo es una denuncia que las autoridades ya no pueden minimizar. Su hija Aranza, de apenas siete años, murió durante los acontecimientos violentos del pasado 29 de octubre en Matamoros, Tamaulipas, en circunstancias que involucran a una aeronave de la Guardia Estatal; lo extraño es que nadie observó un helicóptero de esa corporación, el que anduvo volando fue el de la Guardia Nacional.
En entrevista con Azucena Uresti, la madre relató que su familia buscaba una ruta alterna para regresar a casa cuando comenzó a ser seguida por el helicóptero. Su esposo descendió de la camioneta para advertir a los tripulantes que eran civiles y que viajaban niños.
Después vino la detonación. Aranza estaba herida. Su madre también resultó lesionada y sus otros hijos tuvieron que buscar ayuda.
La Fiscalía de Tamaulipas confirmó que cuatro elementos de Seguridad Pública viajaban en la aeronave. Los peritajes reportaron un proyectil calibre 7.62, cuya procedencia debe establecerse mediante las confrontas balísticas.
Lo que queda claro es que los elementos de la Guardia Estatal, no están capacitados para este tipo de operativos, son un peligro para la sociedad civil.
Las preguntas son inevitables: ¿quién disparó?, ¿por qué seguían a una familia?, ¿quién autorizó el operativo y qué responsabilidad tienen los mandos?, principalmente el General Carlos Arturo Pancardo Escudero.
Llamar “daño colateral” a la muerte de Aranza, como hizo el secretario de Seguridad Pública, Carlos Arturo Pancardo Escudero, es un acto que merece su renuncia de manera ipso facto, Aranza no era delincuente, no representaba una amenaza, era una niñita de 7 años y no tenía por qué morir.
“Daño Colateral” General Secretario Pancardo, es el que tenemos los tamaulipecos, al tenerlo en esa posición. El doctor Américo Villarreal lo debería de despedir, solo por el simple hecho de haber dicho que la sangre inocente de Aranza fue un daño colateral, sus palabras evidencian la gravedad de una explicación institucional que no puede sustituir a la justicia y daña el trabajo del gobierno humanista del gobernador Villarreal.
Mientras usted General Secretario Pan cardo, sin ningún remordimiento de conciencia se expresó de Aranza como daño colateral; el gobernador Américo Villarreal ha prometido que no habrá impunidad.
La Guardia Estatal está para proteger a la ciudadanía, no para ponerla en la línea de fuego. Quien haya disparado debe responder ante la justicia y también su superior, el que les dio la orden y cualquier responsabilidad de mando debe investigarse. Pancardo no solo debe renunciar, también debe declarar ante el Ministerio Público, él es el jefe de quienes dispararon.
Una madre exige respuestas. Tamaulipas exige justicia, Matamoros está de luto. ¡La muerte de Aranza no puede quedar como otro daño colateral ni como otro crimen sin castigo!.