EN PARTIDA DOBLE
Alejandro Mares Berrones
El triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil deja una lección política: las elecciones ya no solamente se ganan en las urnas, también se pelean en las redes sociales. Aunque podríamos decir que ganó de “panzazo”, realmente nos hace reflexionar sobre la importancia del lenguaje bélico que se debe utilizar en una campaña política.
La tecnopolítica es la nueva arma para ganar elecciones, es decir, a las movilizaciones territoriales, hay que sumarle las digitales y para ejemplo, está el caso de Brasil.
Lula va por su cuarto mandato, a sus 80 años, algo increíble, ¿pero a quién le va heredar el poder?, no es eterno, por lo pronto reconoció que el éxito de su triunfo tuvo mucho que ver André Janones, al que él le apoda “El General”.
Janones fue artífice de la estrategia digital de Lula, entendió que no bastaba con tener seguidores: había que convertirlos en soldados de una causa, en tropa. Desde el canal de WhatsApp Exército do Lula les asignaba misiones: compartir videos, posicionar hashtags, multiplicar mensajes y defender la narrativa de su candidato.
La estrategia tenía un ingrediente fundamental: el lenguaje bélico. Ejército, generales, soldados, misiones, ofensiva y contraofensiva. No eran palabras escogidas al azar. Construían identidad, disciplina y sentido de pertenencia. Cada simpatizante debía sentirse parte de una batalla política.
Esa es la fuerza de la tecnopolítica: convertir un teléfono celular en instrumento de organización y movilización, en material de guerra. Pero cuidado: los seguidores no son votos, los hashtags no son popularidad y las tendencias digitales no necesariamente representan el sentir ciudadano. La batalla también se gana en el territorio.

EN CONTRAPARTIDA, ¿quién será el “general” de Beto Granados?. La experiencia brasileña tiene una lectura obligada para Tamaulipas, y particularmente para Matamoros, donde en 2027 se disputarán posiciones políticas de enorme importancia.
En el caso de Américo Villarreal, este dejará la gubernatura en el 2028, pero no ha dado color sobre quien será su heredero, nadie de su gabinete se ha movido, los únicos que han saltado a la escena pública han sido Olga Sosa y José Ramón Gómez Leal, sanadores de morena, pero ambos muy ahumados ante la sociedad tamaulipeca.
Por lo que respecta a José Alberto «Beto» Granados Fávila, si Morena lo designa como su candidato, este tendrá que prepararse para una elección que no podrá ganar únicamente con la estructura partidista ni con propaganda en redes sociales; sus adversarios políticos le han estado “pegue y pegue” en las redes sociales, durante dos años consecutivos, tanto los seguidores de Roberto Lee, como los de Leticia Salazar, han criticados su trabajo institucional hasta por lo más mínimo.
A estas críticas, se suma el fuego amigo, de los seguidores de Elvia Eguía, su compañera de partido y los simpatizantes de Víctor Manuel García Fuentes, diputado local que añoran la presidencia municipal. A todos estos frentes se tendrá que enfrentar Granados.
Julio Hernández, segundo síndico; Manuel Perusquía, secretario del Ayuntamiento, y Homar Zamorano, exalcalde y asesor de Granados, son nombres que aparecen en el análisis de su entorno político.
¿Quién de ellos tiene la capacidad para coordinar un proyecto de esta naturaleza?, ¿quién será el general de Beto Granados y quién tendrá la responsabilidad de organizar la comunicación, el trabajo territorial y digital?. La respuesta no debe depender de las lealtades, sino de la capacidad política.
Mi consideración es que el principal error sería confundir jerarquía política con capacidad de comunicación. El mejor coordinador no necesariamente es el más cercano al alcalde, el que tiene más experiencia electoral o el que ocupa el cargo de mayor importancia. La credibilidad, la capacidad de escuchar y la independencia para señalar errores son cualidades indispensables.
En el caso de Matamoros, la comunicación de cualquier gobierno o actor político debe tener capacidad para responder rápidamente, pero sin recurrir a cuentas falsas, ataques personales, campañas de desprestigio o desinformación.
Si Granados resulta ser el candidato de Morena a la presidencia municipal, va a necesitar tener dos canales de comunicación: El institucional, porque si no solicita licencia, seguiría como alcalde en funciones, al menos que se separe del cargo, ese canal es exclusivo para los gobernados y el otro canal, sería el canal de campaña, el de la guerra política, el de la estrategia, para volver a ganar la elección con su ejército de soldados “seguidores”.
Beto Granados, desde el primer día dijo que él sería un alcalde de territorio, no de escritorio y así se ha mantenido, siempre cercano a la gente, como un ciudadano, no como un servidor público distante.
Granados sabe que Matamoros está cansado de discursos triunfalistas, promesas repetidas y confrontaciones entre políticos, ni en su campaña pasada, ni como gobernante ha manejado un lenguaje bélico, sin embargo, sus adversarios se le han “bañado”, a lo más que ha llegado el alcalde es a decirles: “zopilotes, carroñeros”, así de caballeroso ha sido.
La elección que viene será una batalla muy encarnizada en Matamoros, pero la ventaja que tiene Morena es que la oposición se encuentra fragmentada y de seguir así, no tendría oportunidad de ganarle a la 4T, y menos si se mantiene la alianza con el Verde y con el PT.
Granados, ha tenido, algo que el resto de los alcaldes de este municipio, nunca lograron consolidar, un lenguaje público lleno de humildad; pese a que es una persona muy joven, Beto ha sabido reconocer que Matamoros tiene problemas que todavía no se resuelven y otro detalle de este alcalde es que ha transparentado, respaldando sus afirmaciones con cifras y documentos, como lo hizo en su segundo informe, callando la boca a sus adversarios políticos.
Hay una diferencia enorme entre decir “estamos transformando Matamoros” y explicar cuánto se ha invertido, qué calles se pavimentaron, cuántas luminarias se instalaron y cuáles son los compromisos pendientes. La segunda expresión permite que el ciudadano compruebe lo que escucha.
La gran fortaleza de Beto Granados es la legitimidad territorial, el programa “Martes en tu Colonia”, lo acercó aún más al territorio, a ras de tierra, de frente con la gente y de la mano para resolver la problemática de cada colonia y eso lo observa, lo analiza y evalúa la ciudadanía, pese a las críticas de los adversarios en las redes sociales.

Por eso digo que la experiencia brasileña deja una enseñanza que trasciende a Lula, Janones y Morena: la política moderna exige comprender cómo se construyen las comunidades digitales, pero también cómo se conserva la confianza de las comunidades reales.
En Matamoros, la comunicación digital puede ayudar a explicar el trabajo municipal, hacer transparentes las decisiones, escuchar demandas y corregir errores. La organización territorial, por su parte, debe permitir que las necesidades ciudadanas lleguen efectivamente a las autoridades. Es un juego de equilibrios.
No debe confundirse una estructura de participación ciudadana con una maquinaria de propaganda, esto debe quedar claro; porque el mayor adversario para Granados es la evaluación que los propios matamorenses hagan de su gobierno.
La lección de Lula es clara: quien no entienda la tecnopolítica llegará tarde a las nuevas disputas electorales. Pero quien crea que puede sustituir los resultados de gobierno con videos, hashtags y ejércitos de redes sociales, también está condenado a equivocarse.
P. D. Porque al final, la elección no la decidirá quién tenga más soldados digitales, sino quién tenga más ciudadanos convencidos. Y esa batalla, en Matamoros, ya comenzó.