El General Secretario de Seguridad de Tamaulipas, Carlos Arturo Pancardo Escudero, niega fallas en el operativo que terminó con la vida de una niña de siete años; cambia la versión sobre los policías investigados y evade responsabilidades. Mientras tanto, los diputados de Matamoros siguen callados.

Alejandro Mares Berrones
Ni una disculpa, ni una explicación convincente y mucho menos una señal de responsabilidad. El General Secretario de Seguridad Pública de Tamaulipas, Carlos Arturo Pancardo Escudero, prácticamente se lavó las manos ante el asesinato de Aranza, la niña de siete años que murió por un disparo en la cabeza durante los hechos del pasado 29 de octubre en Matamoros.
Cuestionado por periodistas de la capital Ciudad Victoria sobre el caso, el General respondió que toda la información está en manos de la Fiscalía y aseguró que la madre de la menor ya había sido atendida y había quedado conforme.
Pero la muerte de una niña no se resuelve atenciones ni se borra con declaraciones evasivas; porque hoy le tocó a esa familia, mañana le puede tocar a otra, mientras la Guardia Estatal siga teniendo esa clase de policías y mandos superiores como Pancardo, la sociedad civil estará en peligro siempre.
Pancardo también modificó su versión sobre los elementos que viajaban en el helicóptero desde el cual se realizaron los disparos contra la familia. Primero habló de cuatro policías; ahora reconoce que son tres los elementos investigados.
Y cuando se le preguntó qué falló en el operativo, su respuesta fue todavía más indignante:
–“Creo que no falló, no hubo fallo”.
–¿Cómo que no hubo fallo, secretario, si una niña terminó muerta y su madre herida?.
En lugar de asumir la responsabilidad institucional que le corresponde como jefe de la corporación, Pancardo atribuyó el desenlace a la violencia generada por el crimen organizado. Una explicación que no responde la pregunta fundamental: ¿por qué terminó bajo fuego una familia inocente?.
Mientras tanto, los elementos señalados no están detenidos, según la información expuesta por el propio caso, y la exigencia de justicia sigue pendiente.
El Congreso de Tamaulipas prepara una solicitud para que el secretario comparezca y explique lo sucedido. Pero los diputados de Matamoros, Isidro Vargas, Elvia Eguía y Víctor Manuel García Fuentes, no deberían conformarse con escuchar un informe; deberían pedir la renuncia de Pancardo, al igual que el resto de los diputados; todos al unísono.
¡Aranza no necesita discursos ni comparecencias para salir del paso: necesita justicia!. ¿Dónde están sus voces diputados de Matamoros, no los escuchamos?, ¿por qué no exigen que se esclarezcan los hechos, se deslinden responsabilidades y se castigue a los policías involucrados?, ¿por qué guardan silencio?.
Una niña de siete años perdió la vida. Un General Secretario niega que haya fallado el operativo y unos diputados guardan silencio; que tristeza me dan todos juntos.
La pregunta ya no es solamente qué pasó en Matamoros. La pregunta es quién va a responder por la muerte de Aranza.