EN PARTIDA DOBLE
Alejandro Mares Berrones
Ejercer el periodismo en México se ha convertido en una de las profesiones más letales del mundo. En un país que teóricamente no se encuentra en un conflicto bélico declarado, los profesionales de la información enfrentan una violencia sistemática que busca silenciar la denuncia y controlar la narrativa pública.
Esta crisis se agudiza de manera crítica en la frontera norte, una franja geográfica atrapada entre la disputa de carteles transnacionales por el control de rutas de tráfico y la ineficacia de las instituciones del Estado.
Este ensayo argumenta que la violencia contemporánea contra los periodistas en México, y específicamente en la frontera norte, representa un colapso del tejido democrático y del derecho a la información, perpetuado por una impunidad estructural y por la consolidación de “zonas de silencio” donde el periodismo de investigación ha tenido que capitular para salvar vidas.
La problemática del periodismo en nuestro país no es un fenómeno aislado ni reciente, sino una herida profunda que se ha agravado en los últimos años. Organizaciones internacionales como Reporteros Sin Fronteras y Artículo 19 confirman reiteradamente que México se mantiene a la vanguardia de la letalidad para la prensa en el continente americano. Durante el año 2025, se registraron múltiples homicidios de comunicadores y cientos de agresiones, promediando un ataque contra la prensa cada 19 horas.
La gravedad de la situación no radica solo en la frecuencia de los ataques, sino en el quiebre de los mecanismos diseñados para evitarlos. Casos alarmantes de periodistas que fueron ejecutados a pesar de contar con medidas del Mecanismo Federal de Protección demuestran que las garantías estatales son meramente burocráticas e insuficientes.
A esto se suma un acoso judicial al alza y discursos que estigmatizan la labor de investigación desde las cúpulas del poder político. El mensaje que se envía es nítido: el Estado es incapaz de proteger a quienes informan, o peor aún, prefiere la opacidad antes que la rendición de cuentas.
La geografía del silencio obligatorio
Si la situación general del país es alarmante, la frontera norte —que abarca entidades clave desde Baja California hasta Tamaulipas— representa el epicentro de una gobernanza criminal mutante. En los estados limítrofes con Estados Unidos, los periodistas operan en una delgada línea roja donde las fronteras entre el crimen organizado, las corporaciones policiacas locales y los intereses políticos locales están completamente desdibujadas.
El periodismo fronterizo padece dinámicas de violencia particulares debido a la alta concentración de actividades ilícitas como el tráfico de drogas, el contrabando de armas y el tráfico humano. Para los reporteros locales, cubrir una nota policiaca, reportar un enfrentamiento o investigar la corrupción de un funcionario municipal ya no es un reto profesional, es una sentencia de muerte latente.
Esta realidad ha obligado a la adopción de medidas extremas de supervivencia que destruyen la naturaleza misma del periodismo:
La autocensura sistemática: Los medios han dejado de firmar las notas de investigación con nombres propios. En regiones altamente vulnerables, los portales informativos han decidido omitir cualquier mención a nombres de líderes criminales o cárteles específicos para evitar represalias brutales.
El desplazamiento forzado: Quienes se niegan a callar terminan huyendo. De acuerdo con datos de Reporteros Sin Fronteras, cientos de periodistas y sus familias se encuentran desplazados internamente, abandonando sus hogares y sus profesiones para salvar la vida.
La precariedad económica: Los reporteros de frontera, frecuentemente integrados en medios locales independientes o plataformas digitales con recursos mínimos, carecen de seguros de vida, chalecos antibalas o respaldo legal, quedando expuestos tanto a la violencia física como a la asfixia financiera.
EN CONTRAPARTIDA, el asedio contemporáneo contra la prensa en México, potenciado al extremo en la frontera norte, no solo destruye vidas humanas; desmantela de forma sistemática la libertad de expresión. Cuando un periodista es asesinado o forzado al silencio, una comunidad entera pierde sus ojos y sus oídos, permitiendo que la corrupción y el terror criminal prosperen sin contrapesos.
La persistencia de esta problemática demuestra que las estrategias actuales de protección han fracasado de manera rotunda. Si el Estado mexicano aspira a mantener su condición democrática, es urgente que transite de las condolencias discursivas a la justicia real, desmantelando la impunidad que rodea a estos crímenes y combatiendo la violencia institucional y criminal que pretende convertir a todo el territorio fronterizo en una zona de silencio absoluto.
Los periodistas de la frontera norte estamos sujetos a la inseguridad que ocasiona la delincuencia organizada, porque es precisamente en las ciudades fronterizas con los Estados Unidos dónde más violentos y sanguinarios son los cárteles que controlan el tráfico de drogas y huachicol.
Producto de esta inseguridad, nos callamos muchas cosas, nos auto censuramos; jugarle al valiente nos ha costado vidas en el gremio. Matamoros, Tamaulipas, donde ejerzo el periodismo, hemos pagado con sangre, en el pasado esta ciudad ocupó el primer lugar de periodistas asesinados y agredidos “tableados” por sicarios de la delincuencia organizada.
Otro de los retos, es la utilización de la legislación sobre Violencia Política de Género, que desde el poder público los políticos tuercen para acallar a los periodistas. Estas acciones legaloides han resultado ser una herramienta efectiva para acallar las voces del periodismo. Es una forma disfrazada para inhibir la Libertad de Expresión.
Otros retos
1.- Los bajos ingresos de quienes ejercen el periodismo, los mecanismos de protección para periodistas son deficientes, la falta de seguridad social, la falta de transparencia de los gobiernos y el actuar del régimen de la 4T, que al parecer ahora con la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ya tiene otro matiz.
2.-Dominio de los géneros periodísticos de parte del comunicador para poder informar con rigor.
3.-Entender el lenguaje del periodismo multimediatico, para poder entrar desde la puerta del periodismo tradicional, con fuentes, trabajo de investigación y precisión.
- Aunque la libertad de expresión, es una garantía constitucional, el trabajo periodístico que se ejerce debe tener una certificación de ética que depende de lo mismos periodistas. Donde se siga un patrón que haga ver qué lo que se escribió tenga rigor periodístico.
Los bandidos metidos hasta los sesos de las administraciones dirigiendo todo; la simulación de quienes ejercen la ley; y el gobierno poniendo el pie al cuello de quienes ejercemos el periodismo; de “chayoteros” no nos bajan.
En la frontera, el problema no es solo que no se investigue, sino que el aparato judicial se usa muchas veces como una herramienta de persecución para el mensajero en lugar de protección para la víctima. Esto genera un vacío legal donde ejercer el oficio es un acto de resistencia absoluta.
Algunos que se creen poderosos hasta nos criminalizan, llamándonos “periodistas corruptos” o “sicarios de la comunicación”, recientemente fui objeto de una agresión de esa magnitud. No permitamos colegas que nos criminalicen, porque no lo hacen contra nuestra persona, el agravio es hacia nuestro oficio: el camino es denunciar y seguir haciendo nuestro trabajo, porque somos el contrapeso del poder en su más amplia definición.
P. D. Esta columna (no es el ensayo), surge de un ejercicio realizado a varios colegas que respondieron a una pregunta general: sobre los retos del periodismo en la frontera norte de México con los Estados Unidos.
Les agradezco a todos por sus respuestas: A la compañera Arabela García, Norberto Calvario, Julio Rubio, Mauro de la Fuente, Daniel Ochoa, Juan José Ramírez, Enrique Lerma, Ernesto Salgado, entre otros.