Juan Antonio García
Aunque ya provocaron una fuerte reacción del embajador Ronald Johnson, las persistentes declaraciones que ha estado haciendo la presidenta Claudias Sheinbaum en defensa de la soberanía y de la patria (“primero está México…, la patria defiende por más que algunos quieran la intervención…, hay que defender la soberanía nacional”), no van en serio; todo se reduce a una retórica encaminada a socavar la autoridad del último gigante del norte gobernado por el PAN, que llegó a tener hegemonía en toda la región..
En efecto, la afirmación del embajador Johnson en visita al estado mexicano de Sinaloa, y dada a conocer el domingo por Los Ángeles Times, acerca de que existen funcionarios de Morena vinculados al narcotráfico, se circunscribe en la guerra de declaraciones que ha salido de Palacio Nacional todas las mañanas en contra de la gobernadora del Estado de Chihuahua, María Eugenia Campos Galván, quien no sólo ha evitado responder, sino que ha reconocido la autoridad y el liderazgo de la presidenta Sheinbaum en un afán por calmar el ambiente político. Pero el poder no perdona pues se trata de aprovechar la coyuntura para preparar las condiciones con el fin de desplazar al blaquiazul, mientras el PRI se ha reducido a los estados de Coahuila y de Durango.
Y aunque el PAN es indefendible por la trayectoria de quienes lo llevaron a la ruina administrando la Presidencia de la República durante dos sexenios manteniendo intactas las relaciones y prácticas de corrupción heredadas por los gobiernos priistas, lo que aquí hay que destacar es que la doctora Sheinbaum no ha emprendido ninguna acción en defensa de la patria ni de la soberanía, pues lo único que busca es debilitar al partido de la gobernadora para hacer realidad el sueño del expresidente Andrés Manuel López Obrador: controlar electoralmente, todo el norte de la república y, especialmente, el estratégico estado de Chihuahua. Le urge arrinconar al PAN a sus últimos bastiones: los céntricos estados de Aguascalientes, Querétaro y Guanajuato.
Como sabemos, ni la doctora Sheinbaum ni su antecesor tocaron con el pétalo de una rosa los intereses económicos de Norteamérica, sus bancos han obtenido ganancias récord año tras año y sexenio tras sexenio; ninguna empresa ha sido nacionalizada (la realidad es que había más nacionalismo en tiempos del viejo PRI); se respetaron todas las reformas en materia energética de Peña Nieto que afectaron el 40 por ciento de la generación eléctrica, así como algunos gasoductos y pozos petroleros que fueron concesionados. La minería está en manos de Norteamérica principalmente Canadá, mientras México sigue pagando puntualmente de 3 mil 516 millones de pesos diarios de intereses por impagable y tampoco renegociable deuda externa. El cierto que México desplazó a China como principal socio comercial de los Estados Unidos, pero, pequeño detalle, más de 85 por ciento de nuestras exportaciones las realizan empresas norteamericanas y europeas instaladas en territorio nacional.
El hecho es que el poder imperial del Norte, en particular el gobierno de Trump, no admite que gobiernos subordinados se atrevan a criticar, aunque sea de palabra, el intervencionismo. Evidentemente las declaraciones del embajador Johnson no están alejadas de la realidad: persiste una profunda corrupción gubernamental, de otra manera no se explica que el narcotráfico sigua controlando gran parte del territorio nacional. Pero, así como los gobernantes de Morena sólo han criticado el intervencionismo de dientes para afuera, el gobierno norteamericano también ha criticado las complicidades del gobierno mexicano con el narcotráfico, ocultando su propia responsabilidad tanto en este lucrativo negocio.
De esta manera, el señor Johnson usa la información confidencial que con la que siempre ha contado Estados Unidos, no para acabar con el fenómeno de la corrupción, de la cual se han beneficiado, ni con el tráfico de drogas, con el cual se sigue enriqueciendo su industria armamentista mientras tolera el negocio de las drogas en territorio norteamericano, sino para arrinconar al máximo al gobierno mexicanos en el momento en que está por renegociarse el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica.
Al amenazar con llamar a políticos y gobernantes del partido Morena para se enjuiciados en Estados Unidos el excoronel y agente de la CIA no sólo busca limpiar el “buen nombre” de la Agencia, sino parar en seco las constantes críticas de la presidenta de México, que ni siquiera externó sus condolencias por la muerte de los dos agentes norteamericanos que se internaron ilegalmente en territorio nacional y que murieron en un accidente tras un operativos contra el narco en la sierra de Chihuahua, sino colocar al gobierno de Morena contra la pared a fin de limitarlo a seguir administrando eficientemente en favor de las inversiones extranjeras, el pago de interese de la deuda y abrir la economía hacia la explotación tierras raras (negocio del cual Morena ya dejo fue a China, gracias a la supuesta nacionalización de AMLO) y gas en la Cuenca de Burgos con el nuevo método de fracking, ya aprobado por Claudia.