Juan Antonio García
“Je je, mi papá dice que primero los hacen pobres y después les dan limosna”, José Emilio Pacheco, en Las batallas en el desierto.
“México no regresará a ser colonia ni protectorado de nadie. México no entregará nunca sus recursos naturales. Por ello, fiel a nuestra historia, decimos con fuerza: ¡México no se doblega, no se arrodilla, no se rinde y no se vende!… (Claudia Sheinbaum, 0.02.26)
“Estamos reafirmando nuestro compromiso con la independencia y el dominio energético de Estados Unidos… Tenemos un nuevo grupo de personas con el que nos hemos encariñado mucho, llamado Venezuela. Tenemos 50 millones de barriles de petróleo flotando ahora mismo rumbo a Houston para su refinación”. (Trump.12.02.26)
Los mexicanos no somos tontos para no comprender lo que está ocurriendo; tontos son los que creen que somos tontos. Al igual que su antecesor, la presidenta Claudia Sheinbaum, radicaliza su discurso nacionalista y solidario con los pobres, cuanto más avanza en el entreguismo a Washington, beneficiando a banqueros, mineros inversionistas extranjeros, cuanto más se humilla ante Donald Trump. De esta manera, y sin consultar a los mexicanos, la mandataria decidió unilateralmente suspender el envío de petróleo a Cuba, con lo cual se sumó al bloqueo norteamericano, al mismo tiempo que ratificó su compromiso con el comando Norte de la OTAN y con la política hitleriana de Trump.
Irónicamente México vendía petróleo a Cuba desde 1975, en el gobierno priista de Luis Echeverría, y lo suspendió el gobierno de Morena por órdenes de Trump, un día antes de que éste anunciara que impondría altos aranceles al país que vendiera el combustible a la isla. Las consecuencias para la población cubana fueron catastróficas, el precio del pasaje se multiplicó, el peso cubano se devaluó a 500 por dólar y hasta los servicios de los hospitales tuvieron que suspenderse provocando la muerte de pacientes. El precio de los alimentos también subió drásticamente pues dejaron de realizarse trabajos en cultivos y la débil industria está al borde del desastre.
Al mismo tiempo, la mandataria mexicana y la prensa oficial del momento, simulan apoyar al pueblo cubano enviándole “ayudas sociales”; aplicando lo mismo que han aplicado en México desde tiempos de los gobiernos del PRI: despojar a un pueblo hasta dejarlo en la pobreza, para después “ayudarlo”. Quitarle con la derecha para darle con la izquierda: IVA, ISR, IESPS, que ya constituyen la mayor parte de los ingresos del presupuesto nacional; ocultando que todos estamos pagando con creces esas ayudas pues, por ejemplo, pagamos 40% más de lo que cuesta un litro de gasolina o un auto nuevo. Viviríamos mejor sin “ayuda social” si no pagáramos tantos impuestos; habría más trabajo, más consumo, más reactivación económica; estarían mejor los cubanos comprando petróleo que recibiendo ayudas.
Sheinbaum repite todas las mañanas: “la relación con Estados Unidos va muy bien…, hay respeto a nuestra soberanía”, aunque la expresión de su rostro dice lo contrario. Donald Trump le exigió enviar 10 mil soldados para proteger su frontera con México y Claudia le envío 10 mil soldados; le impuso aplicar el programa “Quédate en México” y, de manera humillante aplicó el programa “Quédate en México” para que los migrantes se expusieran a los problemas de pobreza, desempleo y violencia que vivimos. Por eso el mandatario norteamericano puede presumir: “con México no tenemos problema, pues su gobierno hace todo lo que le pedimos”.
Ya hemos argumentado por qué Estados Unidos está más débil que nunca, debido a su gigantesca deuda externa de 38 billones de dólares y pagos diarios de intereses por 3 mil millones de la misma moneda; el creciente rechazo al dólar como moneda única de cambio y a la adquisición de bonos del Tesoro que apalancan la deuda externa, pero, sobre todo, por la competencia de las potencias emergentes. Es por ello que Trump decidió arremeter contra todo mundo como primera potencia militar con acciones de tipo nazi-fascistas: culpando a un pueblo de su estancamiento económico (los migrantes); creando una fuerza de choque para crear miedo social (el ICE) y amenazado con invadir territorios: Canadá, Groenlandia, Panamá… Como Hitler, ha obtenido buenos resultados inmediatos: debilitó a los BRICS, sometiendo a la India, asaltando la presidencia de Venezuela, hundiendo a Cuba en una mayor pobreza y poniendo de rodillas al gobierno de México.
En el caso de Venezuela fue trágico, o victorioso, según la perspectiva política. Ante la humillante derrota en Ucrania por parte de Rusia sobre los 32 países de la OTAN, incluyendo Estados Unidos, y tras ser rechazado por Europa y Canadá en sus pretensiones sobre Groenlandia, a Trump le urgía dar muestras de fortaleza arremetiendo contra países más débiles. Ante la inexistencia de organismos internacionales que pongan orden o hagan valen el derecho internacional que nadie respeta, Trump rodeó Venezuela con la armada estadounidense, ordenó asaltar como pirata los buques petroleros que salían de sus puertos, quedarse con el petróleo, bombardear embarcaciones y asesinar sus tripulantes sin investigar si eran o no narcotraficantes. La madurada del 3 de enero de este 2026, ordenó bombardear tres ciudades venezolanas, asaltar el Palacio de Miraflores, secuestrar al presidente Nicolás Maduro y encarcelarlo en Nueva York.
Previamente corrompió con millones de dólares a miembros del ejército y del gobierno venezolano para ponerlos a su servicio y presumió haber experimentado con un arma secreta para dejar aturdidos a los venezolanos. Así se explica la parálisis total de las fuerzas armadas bolivarianas que habían amenazado con defenderse de la agresión estadounidense hasta el último hombre.
En unos cuantos días con una inexplicable sonrisa eterna, Delcy Rodríguez echó por la borda la nacionalización lograda en 1976 por el presidente Carlos Andrés Pérez; recibió a los magnates de los monopolios norteamericanos y europeos para entregarles la riqueza nacional, que será administrada por Estados Unidos; desapareció las Misiones Sociales creadas por el presidente Hugo Chávez, y está totalmente subordinada a los intereses de Washington.
A Trump le han salido bien las cosas. Ha sometido a Europa, ha dividido a los BRICS, ha reducido el déficit comercial a fuerza de piratería y ha despojado a Venezuela de su petróleo. Por primera vez desde la triunfante revolución de 1959, el gobierno de Cuba da muestras de debilidad y disposición para negociar con el gobierno más imperialista que ha tenido Washington. La historia nos recuerda que ningún imperio ha caído por la fuerza militar de otros países, sino por sus propias contradicciones estructurales internas. Así cayó Roma, así se derrumbó Constantinopla. Por lo pronto, Trump amenaza con desconocer las elecciones de noviembre que podrían serle desfavorables, con lo cual dará otro paso hacía el neofascismo, y otro motivo para que crezca la inconformidad en el único pueblo armado del mundo.