La capital del país amaneció con mantas que exhiben al PAN y señalan a Francisco Cabeza de Vaca por huachicoleo electoral.
Mientras el PAN acusa a de crimen y huachicol, guarda silencio ante figuras propias señaladas por corrupción. La incongruencia evidencia, para críticos, una política basada en la mezquindad y la doble moral.
Cabeza de Vaca, acusado de corrupción y señalado por evadir la justicia mexicana desde el extranjero, sigue sin un deslinde de su partido, una clara muestra de complicidad.
Las mantas ponen el dedo en la llaga: el discurso anticorrupción del PAN se derrumba frente a sus propios actos, exhibiendo una práctica donde se acusa hacia afuera lo que se tolera dentro.