Juan Antonio García Delgado, México, enero de 2026
El posible colapso de la economía norteamericana tiene trastornado al presidente Donald Trump, la inflación, la carestía, la enorme deuda externa cercana a 40 billones de dólares, la creciente debilidad y desconfianza en el dólar, el paulatino rechazo a los bonos del Tesoro, los vergonzosos archivos de Jeffry Epstein, su humillante fracaso frente a China y, principalmente, la tremenda derrota militar que Rusia está propinando a Washington y a la OTAN, son los factores que lo orillaron a bombardear una ciudad latinoamericana la madrugada del 3 de enero de 2026, asesinando al menos a un centenar de inocentes y secuestrando al presidente de la república Nicolás Maduro, así como a su esposa, la abogada Cilia Flores.
En tanto Trump tiene pendientes como delincuente en tribunales de Estados Unidos, arremete contra todo mundo, incluso contra sus más fieles aliados europeos, con el fin de desviar la atención y dar una urgente muestra de “poderío” ante las emergentes potencias de los BRICS por la derrota que está sufriendo Ucrania. Secuestrar a Maduro al día siguiente de que se entrevistó con el representante personal del presidente de China Xi Jinping para firmar más de sesenta acuerdos de colaboración estratégica, fue también un mensaje imperialista para ese país: “América (es) para los (norte) americanos”. Y “tenía que hacerlo” pues China es ya la primera potencia económica mundial y avanza aceleradamente en construir un ejército, hasta dónde se puede ver, no se está preparado para derrotar en los campos de batalla, sino para suprimir ejércitos antes de iniciar las batallas, eliminando satélites y aplicando la robótica, la inteligencia artificial y todas las nuevas tecnologías aplicadas a su industria militar.
Aunque así pareciera no estamos ante la acción de un loco, sino ante la reacción de la parte Occidental del sistema imperialista mundial, que ha decidido iniciar una serie de provocaciones para escalar a una guerra que le interesa a los norteamericanos y les urge a los europeos, pues de esta manera pretende salvarse como ocurrió en 1939. La gran depresión, el desempleo, el cierre de empresas, la caída en las ventas y el riesgo de una revolución social, fueron contenidas al estilo Roosevelt: formando ejércitos y fabricando enormes volúmenes de armas para venderlas a Europa, con el fin de aumentar el consumo y reactivar de la economía. Mucha gente no creía que Hitler ordenaría invadir Europa, y lo hizo el 1 de septiembre de 1939. Ahora Trump tiene la mira en el presidente de Colombia Gustavo Petri, ya declaró que va sobre Cuba. Además, quiere apropiarse de Canadá para convertirlo en el estado número 51 de USA. No dudará en crear una provocación en Panamá para ocupar el canal militarmente. También es probable que cumpla su promesa de invadir la casi despoblada Groenlandia golpeando por enésima vez a sus socios europeos.
Vivimos una coyuntura histórica única en los que el monstruo de tres cabezas se estremece con desesperación y no dudará en desafiar al mundo entero. Trump llegó al poder prometiendo acabar con la guerra en Ucrania, desmantelar a los terroristas del ISI en Medio Oriente, quitar presupuesto a la OTAN, criticando a la CIA y a la ONU de ser “nidos de comunistas”. Por eso los norteamericanos votaron por él; como en su momento los alemanes eligieron a un Hitler que prometía reconstrucción y grandeza.
Con Trump tenemos al neofascista delincuente internacional que ha cometido innumerables delitos perfectamente tipificados de acuerdo con las normas de la Organización de Naciones Unidas, la Justicia norteamericana y el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, no respeta el derecho internacional. No consulta a su Congreso ni a los organismos internacionales que supuestamente están para garantizar la paz. Ninguno de estos organismos actuará pues están para servir al capitalismo, no para obstruir su expansión económica y militar, por eso no debería sorprendernos que el Premio Nóbel de la Paz sea entregado a quienes hayan promovido guerras, como Henry Kissinger, Barack Obama o Corina Machado. La ONU, como en su momento el Tratado de Versalles, ya no sirve para nada. Washington actúa como poder supranacional, pisoteando todos los acuerdos comerciales y las leyes internacionales que se hicieron para evitar nuevas guerras.
Cualquier gobernante del mundo que choque con los intereses de Washington, podría ser detenido y condenado por cualquiera de los delitos cometidos por Trump: abuso sexual a menores de edad con evidencias gráficas, asalto al Capitolio (6 de enero de 2021), asalto y robo de un buque petrolero en alta mar (11 de diciembre de 2025), bombardeo de lanchas civiles y asesinato de sus más de 40 tripulantes (diciembre de 2025) sin presentar ninguna evidencia que fueran delincuentes, desde luego sin detenerlos ni enjuiciarlos legalmente. Son vulgares crímenes contra civiles. A ello se suma el asesinato de un centenar de civiles en los bombardeos a Carcas el 3 de enero de 2026.
¿Por qué no actúa la ONU, ni el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, ni los defensores internacionales de los derechos humanos? Porque son organismos que están al servicio de Estados Unidos y de sus aliados. ¿Con que derecho bombardea países, asesinan civiles y asalta en alta mar como los piratas del siglo XVI? No necesita respaldarse en leyes; es el poder del más fuerte, el poder del gran capital imperialista mundial que –en la situación crítica global que atravesamos– ha decidido actuar con la fuerza militar que representa y punto.
Al contrario, a los gobernantes que no ceden ante la política de Washington, se les puede pueden inventar delitos impunemente para destituirlos o asesinarlos. Por menos que los delitos cometidos por Trump, Estados Unidos invadió Panamá en 1989 y condenó de por vida en una prisión norteamericana al presidente Manuel Antonio Noriega; le generaron una rebelión popular a su exaliado Mohamed Suharto de Indonesia (1998); asesinaron al presidente de Irak, Saddam Hussein (2006) a quien se le condenó a la horca ante las cámaras del mundo; destituyeron y asesinaron al presidente de Libia Muamar Gadafi (2011), derrocaron y enviaron a presión al presidente de Egipto Hosni Mubarack (2020); a Basar al Asad, de Siria, en 2024. Todos, en su momento, fueron apoyados por Estados Unidos como “honorables presidentes”. Sólo se convirtieron en 2dictadores”, cuando así convino a Washington.
¿Por qué la ONU no actúa con firmeza en ninguno de estos casos que, en conjunto, han ocasionado el asesinato de cientos de miles de personas? Porque la mayor parte del presupuesto de la ONU lo aportan las grandes potencias económicas. Así que, aunque tome algunas resoluciones en contra de Estados Unidos e Israel, los dos estados genocidas más ricos del planeta, la ONU no tiene ningún interés en hacerlas valer la justicia, que está al servicio del poder económico mundial.
Lo advirtieron en su momento Hugo Chávez y Nicolás Maduro con total claridad, el problema de Washington con Venezuela no es la democracia, no son los derechos humanos, eso no les interesa; tampoco le importa el narcotráfico ni la juventud estadounidense que muere por esa causa. Si así fuera, las agencias policiacas y el ejército más grande del mundo se dedicarían a perseguir narcotraficantes en territorio estadounidense, que es el mayor consumidor global, se dedicarían a desmantelar laboratorios clandestinos y a terminar con sus cárteles. Pero no, el interés norteamericano es apoderase de las reservas estratégicas probadas más ricas del mundo, que son las que tiene Venezuela, así como de sus grandes minas de oro. “Venezuela tiene bajo su suelo alrededor de 303 mil 800 millones de barriles de crudo certificados, que representan las reservas petrolíferas más grandes del mundo, por encima de Arabia Saudita, estimadas en 266 mil millones de barriles. Estas reservan garantizan petróleo para más de un siglo al ritmo de producción actual. La extracción reportada por Pdvsa, empresa estatal, para el tercer trimestre de 2025 se ubica en un millón 100 mil barriles por día, de los cuales, Caracas exporta alrededor de 950 mil millones”
Estados Unidos quiere, además, controlar los millones de dólares generados por el narcotráfico y controlar de manera más directa el negocio en México y en Colombia, en donde Washington ha impuesto guerras de baja intensidad para debilitarlos como naciones, para mantener el comercio de armas, sólo que ahora lo quiere controlar de manera más directa. El narcotráfico en México maneja más de 500 mil millones de dólares anuales. Trump los quiere… y los está obteniendo con la presidenta Sheinbaum que le entrega a todos los narcos y toda la información que manejan, cuantas bancarias, empresas, dólares, todo. Y aún así quiere más, quiere el control total y amenaza con bombardear a narcos en territorio de México.
Por lo pronto, la facilidad con la que fue detenido el presidente Maduro y neutralizado su plan de defensa, sólo se explica por la traición de sus mandos militares. Igual que en Irak, maletines repletos de dólares para los militares que se negaran a luchar. Sin considerar la inmadurez política de Maduro que se preocupó más hacer exhibicionismo infantil que por aplicar su plan de defensa, y sin tomar en cuenta su falta de estrategia, en una época en la que los cuarteles ya no sirven para nada frente a la aviación, los drones y misiles, cuando los tanques y los camiones no valen nada si no se cuenta con los misiles antitanque y antiaéreos.
El pueblo venezolano se quedó esperando una dirección política su altura; la convocatoria a las movilizaciones populares tardó mucho y las declaraciones de sus dirigentes han sido muy tibias, casi tímidas y pareciera que la presidenta Delcy Rodríguez apuesta más a negociar la entrega de contratos a EU que a la resistencia popular. El ejército, las milicias populares, todo fue paralizado por la corrupción, la sorpresa, el miedo colectivo. Donde quedaron los misiles S-300 y S-400 enviados por Rusia para tirar aeronaves.
¿Dónde quedaron los más de 5000 misiles antiaéreos del ejército venezolano, dónde quedó la formidable organización de los 4 millones de milicianos? ¿Se paralizaron ante la capacidad de soborno que todavía tiene el gobierno norteamericano y ante un gobierno que se quedó corto ante las exigencias de la situación internacional que enfrenta? No todo está escrito, los próximos acontecimientos serán decisivos para conocer el desenlace de esta agresión imperialista.