Alejandro Mares Berrones
El registro de José Alberto “Beto” Granados Fávila como aspirante a la Coordinación Municipal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional de Morena marca el comienzo de una etapa decisiva para la política de Matamoros.
Aunque formalmente no se trata todavía de una candidatura a la presidencia municipal, en los hechos coloca al alcalde en la ruta para buscar la reelección en 2027 y obliga a sus adversarios, dentro y fuera de su partido, a reorganizar sus movimientos; por eso la saña con la que agreden su imagen, utilizando la tecnopolítica como herramienta digital para causarle desprestigio ante la sociedad civil y por ende en el electorado.
El sábado 17 de octubre, Granados informó que había concluido su registro ante Morena. Con ello formalizó una aspiración que ya había anticipado públicamente, al tiempo que defendió los resultados de sus primeros dos años de gobierno y llamó a que la competencia interna transcurra sin ataques personales; todavía no terminaba de decir esas palabras, cuando las agresiones digitales contra su persona en las redes sociales empezaron a escalar; parecía más “fuego amigo” que de sus adversarios externos.
Este registro no le garantiza a Granados la nominación de Morena de nueva cuenta a la alcaldía de Matamoros, es solo por la “Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”, el actual alcalde de Matamoros se sujeta a las reglas del juego de su partido y a los mecanismos, procedimientos y decisiones que determine la alta dirigencia de la 4T.
Granados llega a la disputa con una ventaja institucional evidente: ocupa actualmente la presidencia municipal, tiene presencia pública y puede presentar los resultados de su administración como argumento para solicitar la continuidad de su reelección. Su principal desafío será demostrar que ese capital político se traduce en respaldo ciudadano y no únicamente en la estructura que acompaña al gobierno en funciones.
El alcalde sostiene que ha cumplido los diez compromisos asumidos durante la campaña de 2024. Esa afirmación constituye un punto de partida para el debate público, pero también una invitación a la verificación periodística: ¿cuáles compromisos se cumplieron?, ¿cuáles están en proceso?, ¿qué presupuesto se ejerció y qué resultados perciben los habitantes de las colonias?.
La semana próxima pasada, en el tradicional ejercicio de comunicación al que su gobierno ha llamado “Matamoros Informa”, Beto Granados dijo que “solo un ciego no ve lo que se ha hecho en Matamoros”; en franca referencia al trabajo que ha realizado en pavimentación de calles, bacheo, áreas verdes y espacios públicos rescatados, infraestructura educativa y lo principal, ha sido la reparación de caídos y las tuberías de drenaje reventadas. Desde ese ángulo, podríamos decir: Matamoros ya no es el mismo.
En una elección municipal, la evaluación no se limita a los anuncios de obras ni a los actos oficiales. La ciudadanía también juzga los servicios públicos, el mantenimiento de calles, el alumbrado, el drenaje, la recolección de basura, la seguridad y la capacidad de respuesta del Ayuntamiento; en ese sentido, Beto Granados, está aprobado.
Enfrenta un problema, los ciudadanos se van de bruces y muchos de ellos se creen de lo que se ventila en las redes sociales y no contrastan la realidad con la percepción que buscan en ellos las otras fuerzas políticas, que utilizan versiones de presuntas extorsiones o cobro de piso de la delincuencia, para “quemar” la imagen del adversario más fuerte, en este caso la de Beto Granados.
“La Fe también vota”
No falta mucho, para que desde el pulpito de las iglesias de las diferentes doctrinas, se empiece agredir con esas versiones a Morena y a sus aspirantes; Maquiavelo comprendió que el trono y el altar siempre van juntos, en Latinoamérica esto ya no se está dando y México no va hacer la excepción. El nuevo partido llamado PAZ, trae a Dios como mercadotecnia política y el PAN siempre ha sido un partido de derecha.
Y si eso lo aterrizamos, a la elección que se va a tener en Matamoros en el 2027, cuya aspirante del PAN a la presidencia municipal, es muy probable que sea Norma Leticia Salazar Vázquez, quien en el pasado ya fue alcaldesa, gracias al voto de fe –evangélicos y católicos- que se cargaron en las urnas a su favor.
“El voto de fe”, es algo que Morena Matamoros no ha sabido cultivar y que el PAN y ahora el PAZ, lo traen bien amarrado, lo que representa un gran número de electores, que operado desde el altar puede inclinar la balanza en una elección cerrada. ¡Aguas! Morena en Matamoros, “la fe también vota”, ya es hora de que volteen a ver las iglesias.
Por otro lado, los delitos los persigue el Ministerio Público, no es facultad de los alcaldes combatir a los delincuentes organizados, lo que si es su responsabilidad, es que los funcionarios que laboran en sus respectivos gobiernos, no caigan en actos de corrupción y si lo llegan hacer aplicar la ley de responsabilidades de los servidores públicos, darlos de baja e incluso consignarlos a la autoridad judicial en su caso.
La cuestión central es que el alcalde Beto Granados deberá competir en dos terrenos simultáneos: defender su gestión y convencer a Morena de que merece representar nuevamente al partido. Son evaluaciones relacionadas, pero no idénticas.
La competencia interna
El primer desafío de Granados se encuentra en su propia organización política. La diputada local Elvia Eguía Castillo ha hecho pública su intención de participar en la selección de la coordinación municipal, convirtiéndose en una de las figuras identificadas en la contienda interna y el diputado Víctor Manuel García Fuentes, este dijo “estar listo” y no ha hecho público su registro.
Eguía representa una competencia política que no debe minimizarse ni darse por resuelta anticipadamente. Su actividad legislativa, sus recorridos y su vinculación con sectores ciudadanos forman parte de los elementos con los que busca justificar su aspiración. La pregunta será si consigue ampliar ese respaldo más allá de sus círculos de participación política y convertirlo en apoyo suficiente dentro del proceso de Morena.
La diputada ha cometido algunos errores políticos, como el de no respaldar algunas iniciativas del gobernador Américo Villarreal, además de criticar duramente a la Junta de Aguas y Drenaje de Matamoros, situación que la ha llevado a que le despidan a varios de los suyos, como Javier Zertuche. A Elvia Eguía, también la identifican como cercana al ex alcalde Mario López “La Borrega Corrupta”, quien la hizo precisamente funcionaria de la JAD. En fin, la legisladora se aventó al ruedo, sin capote y si estoque, se la está jugando más por la equidad de género.
La encuesta más reciente de GobernArte publicada en agosto de 2026 reportó preferencias entre perfiles morenistas de 40.7 por ciento para Granados, 30.3 por ciento para Eguía y 16.4 por ciento para Adriana Lozano Rodríguez; en esa fecha, todavía no aparecía el nombre del diputado Víctor Manuel García Fuentes. Esos resultados corresponden a una medición determinada y deben leerse conforme a su ficha metodológica; no sustituyen la encuesta oficial que pudiera realizar Morena ni anticipan el resultado de la selección, quiero dejarlo bien claro.
Adriana Lozano, exdiputada federal y exsecretaria de Finanzas del Gobierno de Tamaulipas, también ha sido mencionada en la discusión sobre los posibles aspirantes. Asimismo, en la conversación política local aparecen los nombres de los diputados Isidro Vargas y Víctor Manuel García Fuentes. No obstante, mencionar estos perfiles no equivale a confirmar que todos hayan formalizado y obtenido la aprobación de su registro. En el caso de “Chilo”, él se descartó.
La disputa interna puede desarrollarse alrededor de tres asuntos: la continuidad del gobierno municipal, la evaluación de sus resultados y la capacidad de cada aspirante para representar la identidad política de Morena.
El riesgo para el partido no consiste simplemente en tener varios aspirantes. La competencia es parte de la vida interna de una organización. El problema surgiría si las diferencias derivan en descalificaciones, rupturas o apoyos divididos que dificulten la integración posterior de los grupos participantes. Eso es el riesgo, los seguidores de Elvia Eguia están siendo muy agresivos en las redes sociales contra Beto Granados.
Por ello, la transparencia del procedimiento, la claridad de las reglas y la aceptación de los resultados serán fundamentales. Morena deberá demostrar que su selección responde a criterios verificables y no solamente a acuerdos entre grupos políticos.

EN CONTRAPARTIDA, en la oposición, Norma Leticia Salazar Vázquez representa una figura con antecedentes de gobierno municipal y reconocimiento político en Matamoros, trae un buen capital político, solo que también cometió un error político (Grupo Hércules). Su nombre aparece en las mediciones y comentarios sobre los posibles perfiles del Partido Acción Nacional para 2027.
Leticia trae más capital político que el ex alcalde Ramón Antonio Sampayo Ortiz, de quien existe un negro expediente cuando se desempeñó como presidente de esta ciudad; Leticia estaría cometiendo otro error político si permite que el ex alcalde le tumbe la denominación a la alcaldía.
La exalcaldesa cuenta con una trayectoria que puede colocarla en el centro de la discusión opositora. Sin embargo, su eventual participación por la Presidencia Municipal no debe darse por confirmada: el PAN tendrá que definir su procedimiento y resolver qué perfil presentará para competir.
Para Salazar, el reto político sería plantear una alternativa de gobierno sustentada en propuestas concretas, explicar los resultados y pendientes de su propia experiencia administrativa y responder a las nuevas condiciones políticas del municipio.
El contexto también exige distinguir entre reconocimiento de una figura y respaldo electoral efectivo. Haber ocupado anteriormente la alcaldía puede proporcionar visibilidad, pero no garantiza que los electores reproduzcan sus decisiones pasadas.
El PAN tendrá que decidir, además, cómo articular sus liderazgos y si apuesta por una candidatura individual o por una estrategia más amplia de entendimiento con otros sectores políticos. En Matamoros, la competencia no se definirá únicamente por la identidad partidista: también importarán los servicios públicos, la gestión municipal y las propuestas sobre los problemas cotidianos de la población.

Otro de los personajes políticos, para el escenario de la elección del 2027, es sin duda Roberto Lee, “El Empresario del Vicio”, actual dirigente estatal de Movimiento Ciudadano, quien ha gastado muchos miles de pesos en su imagen personal en redes sociales, utiliza la tecnopolítica para agredir a sus adversarios.
Roberto, ha cambiado incluso su figura física para darle otra imagen a la sociedad, “se amarró la tripa”, bajó de peso y se fue a vivir al fraccionamiento Río, en Matamoros, donde vive la clase política del viejo PRI corrupto y rancio, al que según él tanto critica.
Su eventual aspiración municipal se inscribe en el esfuerzo de Movimiento Ciudadano por ampliar su presencia territorial y presentarse como una alternativa frente a Morena y al PAN. Para ese propósito, el partido deberá convertir la actividad pública y la comunicación política en una estructura capaz de escuchar demandas ciudadanas, construir propuestas y competir en las urnas.
Lee tendría que demostrar que el crecimiento de su presencia política puede sostenerse con trabajo territorial, organización y propuestas para los principales problemas de la ciudad. Para Movimiento Ciudadano, el desafío será diferenciar su proyecto sin reducirlo a una campaña centrada exclusivamente en la imagen de un aspirante, pero a eso lo ha reducido Roberto Lee, que ha acaparado a ese partido, solo para él y únicamente para él. Su ambición es llegar hacer presidente municipal de Matamoros. Las prerrogativas de MC las ha invertido en su imagen personal.
Granados, Salazar y Lee representan trayectorias y proyectos partidistas diferentes. El primero busca mantener la continuidad de Morena desde el gobierno municipal; la segunda es una figura con experiencia previa en la alcaldía y vinculada al PAN; el tercero participa en la construcción de una alternativa de Movimiento Ciudadano, pero arrastra un pasado que lo vincula al PRI rancio y corrupto.
No obstante, el escenario no debe reducirse a una contienda de nombres. Las decisiones partidistas todavía pueden modificar el panorama, y las candidaturas definitivas dependerán de los procedimientos correspondientes.
También será necesario observar si otras fuerzas políticas presentan perfiles competitivos y si las dirigencias locales privilegian candidaturas propias, acuerdos o coaliciones permitidas por la legislación electoral.
La pregunta periodística relevante no es quién se proclama vencedor antes de tiempo, sino qué proyecto municipal ofrecerá respuestas verificables a los problemas de Matamoros y cómo rendirá cuentas cada aspirante sobre su trayectoria.
La elección municipal se encamina a convertirse en una evaluación de gobierno, organización partidista y credibilidad pública. Para Granados, el registro abre la posibilidad de buscar continuidad, pero también lo coloca frente a la obligación de justificar su desempeño. Para Eguía y los demás perfiles de Morena, la tarea será demostrar que sus aspiraciones cuentan con respaldo y propuestas propias. Para Salazar y Lee, el desafío consistirá en convertir sus trayectorias y estructuras partidistas en alternativas concretas ante el electorado.
En los próximos meses habrá que observar las decisiones de Morena sobre los registros aprobados, la metodología de sus encuestas, la eventual publicación de resultados y las definiciones de los partidos opositores.
Lo que sí está en juego es la capacidad de las fuerzas políticas para ofrecer una competencia transparente y colocar los problemas de la ciudad por encima de los intereses de sus grupos.
P. D. Matamoros no necesita solamente aspirantes que busquen gobernar; necesita propuestas que puedan medirse, compromisos que puedan verificarse y autoridades dispuestas a rendir cuentas. Esa será la prueba que deberá enfrentar cualquier persona que pretenda encabezar el Ayuntamiento en 2027.