Una decisión que puede parecer pequeña puede tener consecuencias que cambien una vida para siempre. Manejar bajo los efectos del alcohol disminuye la capacidad de reacción, afecta el juicio y aumenta el riesgo de provocar un accidente.
Pero hay algo que no debe olvidarse: no estás solo en la calle. También hay personas que regresan a casa, familias que viajan, peatones, ciclistas y conductores que esperan llegar con bien a su destino.
Si vas a tomar, deja el volante. Pide un transporte, designa a alguien para conducir o busca otra alternativa segura. Lo importante es no convertir una noche cualquiera en un momento que nadie pueda borrar.
Tomar es una decisión. Manejar en estado de ebriedad también. Elige no poner en riesgo tu vida ni la de los demás.